“Una flor de hábito ruderal. Mi experiencia en Nativas de las calles”
Por Oiday Hernández Moreno
11 de Mayo del 2025
Un día cualquiera, mientras revisaba Twitter, vi una publicación de Armando Maravilla. En donde explicaba acerca de una iniciativa para visibilizar a la flora nativa de la Ciudad de México en donde convocaba a ilustradores interesados en participar. Apenas terminé de leerlo, sentí una gran emoción. Yo siempre he pintado plantas y flores, son parte de mi hacer artístico y mi forma de estar en el mundo. Entonces caí en cuenta de que podía formar parte de un proyecto tan bonito. Con un tuit, así comenzó mi camino dentro de la iniciativa Nativas de las calles…
La iniciativa propone algo tan sencillo como poderoso: reconocer a especies vegetales que viven con nosotros en la ciudad, a través de ilustraciones botánicas y carteles colocados en las calles. Esto como un ejercicio para que dejemos de ver y empecemos a observar nuestro entorno; y cuando el espectador se une compartimos nuestra manera de observar, no sólo para ser conscientes de lo que hay a nuestro alrededor, sino ir más allá: reconocer para amar y amar para cuidar y proteger.
Elegí ilustrar la Salvia mexicana, conocida comúnmente como Tlacote. Es una planta que crece en zonas templadas y húmedas, reconocida por su intensa flor morado-azulada, que suele utilizarse con fines ornamentales. La pinté en acuarela sobre papel de algodón, y posteriormente digitalicé la imagen para añadirle etiquetas botánicas (flor, hoja y semilla), elementos que facilitan su identificación y comprensión. Como primer acercamiento al Tlacote, realicé un grabado en linóleo, que luego imprimí sobre papel de arroz. Fue un ejercicio más intuitivo, casi como un ensayo. Esa textura más cruda y directa me permitió conocer la planta desde otra perspectiva: no a través del color, sino mediante la forma, la línea y el contraste. (Figura 1)

Figura 1. Serie Salvia mexicana. Grabado sobre linóleo, impreso sobre papel china y acuarela sobre papel de algodón e ilustración digital. 27.94 x 21.59 cm c/u. 2024.
Siguiendo mi camino explorando las plantas nativas, decidí hacer una pieza más íntima, más simbólica. Un díptico compuesto por dos bastidores, en el que representé tres orquídeas del género Rhynchostele: una originaria de Guerrero, otra de Oaxaca y otra de la Ciudad de México. Estas orquídeas representan a mi familia. Quise hablar de nuestras raíces, del territorio que nos forma, y también de lo que migramos y conservamos (Figura 2). Esta obra, junto con el cartel del Tlacote y el grabado, formó parte de mi portafolio para ingresar a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”.

Figura 2. Díptico Autorretrato Rhynchostele. Acrílico sobre madera y papel de arroz tintado con acuarela. 27.7 x 40.5 x 5 c/u. 2024.
Como parte del mismo proceso de ingreso, la tercera y última etapa consistió en presentar una pieza inédita. Para ello, pinté una orquídea nativa de la Ciudad de México, una Cutzis (Dichromanthus cinnabarinus), utilizando acuarela sobre papel de algodón. A esta flor decidí darle luz, destacar sus colores vivos, no sólo por su belleza, sino por la relación esencial que tiene con los polinizadores. Fue mi forma de rendirle homenaje, de hacerla brillar en medio del papel, como lo hace en su hábitat al atraer vida (Figura 3). Con mucha felicidad puedo decir que las nativas me ayudaron a hacer realidad ese sueño de ingresar.

Figura 3. Dichromanthus cinnabarinus. Acuarela sobre papel de algodón, enmarcado tipo caja con luz LED interior. 32.9 x 24 cm. 2024.
Desde entonces, no he dejado de trabajar con especies nativas del Valle de México. Me interesa su historia, su resistencia y su belleza particular. Realicé, por ejemplo, una obra con la flor del frijol ayocote (Phaseolus coccineus), elaborada en papel de arroz teñido con acuarela (Figura 4). Cada planta tiene algo que decir. Lo único que necesitamos es detenernos a escuchar.

Figura 4. Phaseolus coccineus. Papel de arroz tintado con acuarela sobre bastidor de tela. 60 x 60 x 5 cm. 2025.
“Nativas de las calles” fue, y continúa siendo, un espacio de encuentro: un lugar donde el arte, la ciencia y el territorio convergen para visibilizar aquello que a menudo pasa desapercibido. Esta experiencia me permitió conocer a fondo una planta, observar desde el asombro y transformarla en imagen, en una materialidad que lleva impresa, en su esencia, una parte de mí. Pero, sobre todo, me acercó a una comunidad de personas que, como yo, aman este pedazo de tierra y lo defienden desde distintos lenguajes.
Este proyecto nos ayuda a devolver a las nativas a su lugar dentro de la ciudad. Las plantas, y aún más las nativas, son extremadamente importantes para el balance ecológico, y como en mi caso y muchos otros, igual de importantes en nuestra vida. Si las miramos con atención, quizá, podamos imaginar una ciudad más amable, más consciente, más conectada con lo que le es propio.
Este proyecto me enseñó que el arte puede florecer en la acera, en el muro, en la cotidianidad. Que una flor pintada también es una forma de hacer comunidad y una especie nativa un acto de resistencia.
Gracias a Armando Maravilla, creador de esta hermosa iniciativa, por hacer posible este cruce entre arte y naturaleza. A Don Helecho (Arath Macías), por su entusiasmo y dedicación en la organización del proyecto. A los biólogos que, con sus investigaciones y saberes, nos ayudaron a comprender mejor las especies que ilustramos. A todas y todos los ilustradores que se sumaron y que hicieron crecer este jardín colectivo. Y gracias, profundamente, a mis amigos y familia por su apoyo constante, por estar cerca, por creer.
REFERENCIAS
https://mexico.inaturalist.org/taxa/153911-Salvia-mexicana
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